Tertulias literarias
Tertulia N° 5 | 4 de enero de 2012
Encuentros a la noche en clave de juego y horas
Cuando comienza un nuevo año, uno se pregunta qué es lo cambiaría de su rutina, qué proyectos nuevos se presentarán y junto a esta avalancha de ideas, un lápiz recorre fugazmente un papel que asienta en clave de juramento lo que será el 2012. Cerrar una agenda y empezar con otra implica una serie de rituales que retomamos sin ser demasiado conscientes de ellos. Sin embargo, guarda una magia que mantenemos como si fuéramos niños imaginando una nueva historia. Lo mismo nos ocurre cuando terminamos la lectura de un libro, hacemos un resumen, recorremos el argumento, pensamos en el final, en lo que habría pasado si… y nos ponemos ansiosos por ver cuál será el próximo que caerá en nuestras manos.
En este encuentro de las tertulias nos enfrentamos a ese trágico acontecimiento que es decirle adiós a un autor, a un libro, a un modo de entender el mundo y de dialogar con él. El primer ejercicio fue abordar la palabra principal, que recorría Murakami en After Dark, DORMIR y sus sinónimos, que sólo por serlo no significa que sean intercambiables. Entender los matices de las palabras y comunicar su sentido es una tarea que el escritor debe abordar con toda responsabilidad.
Dormir es mucho más que la acción de acostarse y soñar, es entrar en un proceso dónde la lógica es dejada de lado. La noche, momento preciso de este verbo, nos lleva a vivir las horas despiertos y a pasar por encuentros fortuitos. Ese ejercicio de dislocamiento es el que le propusimos a los participantes de las tertulias, imaginar que estaban en un café a la medianoche y que de repente eran interrumpidos por una persona que no conocían. El objetivo: generar un diálogo, observar cómo respondía el otro y cerrar el encuentro con una frase, palabra o pensamiento. Es espacio lúdico generó interesantes y breves historias, un cierre digno de para este autor japonés.
La despedida se vio ceñida por el cuento Don atadito con alambre, autoría de un participante de la tertulia, que a todos nos regaló una sonrisa. La ironía del texto estaba teñida por una historia que nos invitó a revalorizar nuestras raíces y a pensar que el mundo aún no está perdido.
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